Descubriendo la Piedra del Sol
¡Descubriendo los Secretos Astronómicos de la Piedra del Sol!
Si alguna vez visitas México y haces escala en Ciudad de México, no puedes perderte el Museo Nacional de Antropología. Allí se encuentra, entre otras maravillas, la Piedra del Sol, que erróneamente se conoce como el “Calendario Azteca”. Es una de las obras más famosas del arte azteca. Me interesa hoy porque, como suele pasar, en México, el arte rima con la astronomía.
Se trata de un bloque basáltico de 24 toneladas, descubierto en 1790 en la Ciudad de México, que muy probablemente sirvió como altar de sacrificio durante el reinado de Axayácatl. Las imágenes grabadas en su superficie hacen referencia a la cosmovisión del pueblo mexica. En su cara frontal, podemos ver 7 círculos concéntricos grabados:
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En el centro, el primer círculo contiene la cabeza del dios del Sol, Tonatiuh, identificado por su decoración facial de curvas alrededor de sus ojos y por las joyas características de su imagen. Su lengua está representada por un cuchillo, símbolo del sacrificio humano. El dios solar lo exigía para alimentarse y así poder continuar su recorrido por el firmamento y renacer cada día por el Este, después de su viaje nocturno por el inframundo.
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El segundo círculo representa la leyenda de los soles. Para los mexicas, el tiempo transcurría en periodos o eras cósmicas llamadas “soles”. Antes de que existieran estos, ya habían transcurrido cuatro soles, los cuales están representados en los recuadros que rodean la imagen de Tonatiuh. Cada uno fue creado y destruido por el enfrentamiento entre los dioses Quetzalcóatl y Tezcatlipoca.
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El tercer círculo contiene 20 signos que representan los días del calendario náhuatl. Los mexicas utilizaban un calendario solar de 365 días, compuesto por 18 meses de 20 días cada uno, más 5 días “inútiles” o de mala suerte, llamados nemontemi. Los nombres de los días se referían a animales (serpiente, conejo, mono…), a elementos naturales o meteorológicos (viento, agua de lluvia…), a plantas, a objetos o a conceptos (muerte, movimiento…).
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El cuarto círculo está formado por una sucesión de pequeños recuadros que contienen, cada uno, un punto central y cuatro elementos que se ensanchan en las esquinas. Este diseño, conocido como “quinconce”, se ha interpretado de diversas maneras: como la representación de los cuatro puntos cardinales y el centro, como el glifo de Venus o incluso como el símbolo de piedras preciosas relacionadas con el fuego y el año. Todo el borde de este círculo está realzado con un anillo de plumas. Le siguen otras grabaciones, con elementos puntiagudos y trapezoidales, y un disco en la parte superior. Todo el conjunto parece representar, respectivamente, rayos solares, bases de espinas cubiertas de joyas o punzones utilizados para el autosacrificio que los sacerdotes mexicas ofrecían diariamente al Sol.
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Los círculos quinto y sexto son, a primera vista, decorativos.
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El séptimo círculo encierra dos animales fantásticos de cuerpo ancho, con llamas en el lomo, una cola en forma de rayo solar y una trompa redondeada en forma de gancho, adornada con pequeños círculos grabados que representan ojos y simbolizan estrellas. Se les llama xiuhcóatl, o “serpientes de fuego”. Estos animales míticos son los encargados de llevar el Sol hasta el firmamento. Sus colas están en contacto con un glifo tallado en la parte superior de la piedra, que representa la fecha del 13 Caña. Podría hacer referencia al año de elaboración de este monolito y corresponde al año 1479, o bien a la fecha en que, según la mitología, surgió el Quinto Sol en Teotihuacán.
