¡Conectando el Cielo con la Tierra!
¡Mi montura me daba calambres! La aventura de poner a tierra el observatorio.
Desde que instalé mi montura EQ6, de vez en cuando, en ciertas situaciones, sentía pequeñas descargas eléctricas al tocarla… Siempre posponía la búsqueda del origen del problema, hasta que un buen día me dije: ¡basta ya!
De hecho, la semana pasada, después de varias “descargas nocturnas” en las manos y, lo que es peor, ¡en la cara!, me puse manos a la obra junto a mi amigo Julio, un hombre intrépido al que la electricidad no asusta, y a quien, a partir de ahora, llamaremos “el cobaya”…
Así que, después de varias horas de investigación y “maltrato” a mi cobaya, llegué a la siguiente conclusión: ¡Los ordenadores tienen un defecto de toma de tierra y este defecto se transmite a las cámaras (APN) instaladas en los telescopios a través de los cables USB! El simple hecho de tocar la montura y la cámara a la vez garantizaba una descarga (nuestro cuerpo, en contacto con la montura, ofrecía una masa más grande que la propia toma de tierra de mi instalación). ¡Mi cobaya lo confirmó unas treinta veces con una serie de “¡ay, ay, ay!”!
Así que necesitaba instalar una nueva toma de tierra para que ese defecto se transmitiera a ella, ¡en lugar de a mi querido amigo cobaya! ¡Dicho y hecho! Después de una rápida visita a la ferretería del barrio (y a la farmacia para mi cobaya), un agujero en la pared del observatorio y unos cuantos martillazos para clavar la nueva piqueta de tierra, ¡ya teníamos un problema más resuelto!
La piqueta de tierra, clavada con furia:

Con un presupuesto modesto, la construcción de un observatorio amateur automatizado es una aventura preciosa, sí, ¡pero llena de obstáculos! Afortunadamente, la pasión por la astronomía y el apoyo de nuestro entorno (familia y amigos) nos permiten llegar a buen puerto. Cada pequeño problema como este, una vez superado, nos da un chute de energía extra para seguir adelante y alcanzar el objetivo inicial: acercarnos al Cielo, ¡pero siempre con los pies en la Tierra!
¡Mil gracias, Julio!